Adolescentes y alcohol

La adolescencia es una de las etapas más complicadas de la vida. Representa el paso de la niñez a la edad adulta y esto implica adquirir responsabilidades, entre otras cosas. Es también un momento donde el adolescente empieza a formarse una identidad que lo marcará para los años venideros. Esto implica, a veces, ir a contracorriente en pos de la rebeldía por otro lado típica de esta etapa. Por eso, es frecuente que los jóvenes quieran experimentar con cosas que, a priori, tienen vetadas por su edad. Uno de los mejores ejemplos es el alcohol. La mayoría de los adolescentes empiezan a beber durante esta etapa. El riesgo viene cuando no se controla el consumo y este puede desembocar en un problema para el joven.

Lo que dicen las cifras

La XII Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (ESTUDES 2016-2017) arroja números sobre los hábitos de consumo de alcohol de los adolescentes. Lo primero que se puede extraer de esta encuesta es que la prevalencia del consumo de alcohol es muy alta: el 76,9% ha probado alguna vez esta sustancia en su vida. Por otro lado, el 75,6% afirmaba haberla consumido en el último año, y el 67% lo había hecho en el último mes. Además, un 31,7% decía que en el último mes había practicado un atracón de alcohol, o sea, beber cinco o más copas en un intervalo de dos horas.

La edad media de inicio del consumo de alcohol en España son los 14 años, y cerca del 25% de los adolescentes ha probado el alcohol antes de los 13 años. La baja percepción del riesgo que existe sobre este hábito y el fácil acceso que se tiene a esta sustancia favorecen el inicio y el mantenimiento del consumo a estas edades. Según el estudio, los adolescentes perciben al alcohol como menos peligroso que otras sustancias como el tabaco, el cannabis o la cocaína. Por otro lado, 9 de cada 10 estudiantes asegura que no encuentra ninguna dificultad para conseguir bebidas alcohólicas. Esta facilidad es especialmente significativa para los jóvenes de entre 14 y 17 años, a los que la ley prohíbe vender alcohol y que, sin embargo, afirman conseguirlo ellos mismos en el 34,9% de los casos.

Adolescentes y alcohol

Hay varias razones que pueden explicar porque la adolescencia puede estar relacionada con el inicio de un consumo abusivo de alcohol. Una de las principales se encuentra en el ámbito social, por la necesidad de los adolescentes de pertenecer a un grupo. Y es que, si en el grupo social en el que el joven quiere integrarse el alcohol forma parte de su ocio, beber se convertirá en un requisito necesario para ser aceptado. Existen factores como el miedo al rechazo, la presión de grupo o la necesidad de aceptación que muchas veces hacen que los adolescentes acaben consumiendo abusivamente.

Otro motivo que explica la relación entre el alcohol y los más jóvenes es la búsqueda de desinhibición fruto de su consumo. Esta motivación viene dada porque los adolescentes creen que al beber alcohol son más fáciles las relaciones sociales. Es decir, tienen un mecanismo más sencillo para afrontar las carencias en habilidades sociales. A estas supuestas ventajas que perciben los adolescentes hay que añadir otros factores como la falta de conocimiento o información errónea sobre el alcohol y sus efectos sobre la salud o la baja percepción de peligrosidad.

Finalmente, el carácter y la situación personal de cada menor también afectan a la relación con esta bebida. Por ejemplo, la necesidad de experimentar o buscar sensaciones nuevas puede llevarlos a exponerse a riesgos físicos y sociales. En este sentido, una poca capacidad para afrontar las adversidades es otro aspecto que explica esta búsqueda de nuevas experiencias. Por otro lado, el alcohol se convierte en un refugio aquellos adolescentes que tienen problemas familiares, problemas escolares o dificultades sociales. Tratan de gestionar estas complicaciones a través de la bebida, pero esto lejos de resolverlas, las agrava todavía más.

Los peligros del alcohol en los adolescentes

El mayor riesgo de un consumo abusivo de alcohol en los más jóvenes afecta principalmente al cerebro. Esto es debido a que todavía no han llegado a la edad adulta y, por lo tanto, aún se encuentran en una fase de formación y desarrollo. Esto implica que las consecuencias para la salud son mayores que para un adulto. Durante la adolescencia, el cerebro está en permanente crecimiento. Es en esta etapa donde el menor desarrolla todas las habilidades relacionadas con el pensamiento adulto como la capacidad para razonar o para procesar la información. El consumo de alcohol en esta fase de formación puede estancar el proceso provocando importantes carencias en el pensamiento adulto.

Se ha visto que el alcohol también tiene efectos negativos en las zonas del cerebro responsables de la memoria y el aprendizaje. Esto dificulta mucho la capacidad de crear y almacenar recuerdos, la atención y la concentración. Otro aspecto que también se ve afectado por el consumo de alcohol es la conducta, lo que puede provocar el desarrollo de un comportamiento agresivo que dificulte el correcto desarrollo de las relaciones sociales. Otros riesgos derivados de tomar bebidas alcohólicas por parte de los adolescentes son:

  • Accidentes de tráfico. Éstos representan una de las principales causas de muerte prematura entre los menores.
  • Fomento de las relaciones sexuales sin protección, lo que conlleva riesgos como el embarazo precoz o el contagio de enfermedades de transmisión sexual.
  • Aparición y desarrollo de violencia, especialmente de la violencia de género.

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